El presidente Barack Obama ha presionado al Congreso para que apruebe la reforma financiera que está debatiendo, al decir que la misma fortalecería a los consumidores y expondría las inversiones “tras bambalinas”. Obama ha dicho, además, que la ley eliminaría las prácticas prestamistas abusivas, impediría que los bancos tomen demasiados riesgos y daría más influencia a los accionistas.
La propuesta de ley, la más radical reestructuración de las normas de Wall Street desde la Gran Depresión, es debatida en el Senado y la votación final probablemente tendrá lugar la semana próxima. La medida entonces tendría que ser incluida en una versión ya aprobada por la cámara baja.
La ley establecería un sistema para detectar riesgos en la estructura financiera, crearía un método para liquidar grandes compañías en crisis y nuevas reglas para los complejos instrumetnos a los que se atribuye la precipitación de la crisis en el 2008. Además, crearía una nueva agencia de protección al consumidor, un punto clave para Obama.
Sin embargo, hay profundas divergencias entre demócratas y republicanos respecto a la ley y los opositores acusan a Obama y su partido de promover políticas económicas que se apoyan demasiado en gastos y no lo suficiente en recortes.
Por otra parte, hay que señalar que el Fondo Monetario Internacional ha publicado documentos anexos de su primer informe de evaluación del sistema financiero de Estados Unidos, realizado a finales de 2009 y comienzos de 2010, que se publicará el próximo verano. La curiosidad está en que es la primera vez que el sistema financiero estadounidense se somete al programa de evaluación del sector financiero, como se designa al informe.
El estudio, que se realiza a demanda de los estados miembro es de carácter voluntario, examina en profundidad la solidez del marco reglamentario y de intervención pública en la banca y las finanzas, así como los eventuales desequilibrios que puedan amenazar al sistema financiero de un país.
