Sin dudar de que los presidentes busquen siempre el bien de la entidad, de sus clientes y compromisarios, no hay que olvidar que los gestores también tienen intereses propios. Nos referimos a algún presidente de caja de ahorros al que están sacando los colores por perseguir beneficios particulares en las actuales operaciones de fusión.
Este sería el caso de Miguel Blesa en Caja Madrid. Después de meses de disputas entre las dos administraciones fuertes en la entidad -la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre a la cabeza y el ayuntamiento de la capital, con Alberto Ruiz-Gallardón al frente- resulta que si la caja madrileña se fusionara con otra caja sería posible la renovación de Blesa. Y eso que era precisamente el cese o continuidad de Blesa en la caja lo que enfrentaba a unos y otros, hasta que recientemente PP, IU y la federación de banca de Comisiones Obreras llegaron al acuerdo de estabilidad política para la caja.
Tres cuartos de lo mismo pasaría en Unicaja con Braulio Medel de culminar su fusión con Caja Jaén en una nueva entidad, que podría permanecer en la presidencia por más tiempo y en este caso de una caja aún más importante. Esta operación de fusión está ya bastante avanzada y se espera que este mismo mes de agosto los respectivos consejos de administración introduzcan en sus estatutos los cambios necesarios para empezar a operar de forma conjunta.
