El otro día estaba en una cena con unos amigos y uno de ellos nos contaba la angustia que a veces sentía por tener todo su dinero -no mucho, la verdad- depositado en una misma entidad bancaria. El banco al que se refería es uno de los líderes en banca electrónica y sobre el que pesan constantes rumores de quiebra, rumores que, por otro lado, llevo unos diez años escuchando sin que nunca se hayan convertido en realidad.
Tras asegurarle que pasase lo que pasase con el banco sus depósitos estaban asegurados hasta los 20.000 euros –ni de lejos sus ahorros llegaban a ese límite- saltó otro amigo convencido de tener la operación ideal: “Yo lo que haría con ese tipo de bancos es contratarles un préstamo hipotecario. Así si quiebran, no tengo que seguir pagándoles”. Todos nos reímos, pero lo cierto es que mi segundo amigo estaba absolutamente equivocado.
Tal y como podemos leer hoy en el blogsalmon, tras un periodo en el que los administradores de la quiebra se encargarán de seguir cobrando a los deudores –es decir, usted, propietario de una hipoteca- cuando se decida la liquidación del banco, la cartera hipotecaria, al igual que el resto de activos, será vendida a otra entidad financiera. Así que, lo sentimos, pero… a seguir pagando.
