Ya nada es lo que era. Es tal la cantidad y variedad de cosas que regalan o venden periódicos o revistas, que ahora uno puede decorar su casa, renovar su vestuario o hacerse una videoteca directamente desde el quiosco de la esquina. Igualmente usted puede ir un día al banco a consultar su saldo y salir con 3 productos financieros que usted no sabía que necesitaba (e incluso puede que se haya dado cuenta de que es más grave aún, porque usted se encuentra prácticamente arruinado y aún así le acaban de vender un depósito “interesantísimo”, o un crédito “a unas condiciones inmejorables”). Y es que la crisis está haciendo que las entidades aprieten su política comercial al tiempo que relajan de alguna forma su ética profesional, un asunto lo suficientemente grave como para que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) haya decidido tomar cartas en el asunto.
El regulador se ha dado cuenta que muchas entidades han pasado de asesorar a un cliente sobre sus inversiones a “venderle” un producto con independencia de si éste se ajusta a su perfil de riesgo. De la noche a la mañana se han multiplicado exponencialmente el número de clientes que, por ejemplo, cuentan con participaciones preferentes, un producto para un perfil muy concreto de inversor. La CNMV ha dado un aviso a bancos y cajas para que separen claramente asesoramiento de venta.
