Con las últimas decisiones tomadas respecto a Portugal y España, resulta interesante repasar y aclarar el trabajo de las agencias de calificación. Según la agencia de noticias Reuters, las tres grandes agencias internacionales de calificación financiera -Standard & Poor's, Fitch y Moody's- evalúan la solvencia de los Estados o de las empresas, y el riesgo de impago de su deuda. También atribuyen notas sobre la calidad del endeudamiento de dichas entidades, a corto y a largo plazo, siendo ésta última la que más estrechamente se vigila.
La calificación está escalonada de AA -la mejor- a D -impago-, pasando por una veintena de niveles intermedios que incluyen símbolos como '+', '-', '1' o '2' que son añadidos a la nota.
De manera general, las calificaciones pueden dividirse en dos grandes categorías: las inversiones estables o “high grade”, que corresponden a las notas entre AAA y BBB, y las “inversiones especulativas”, con notas inferiores a BBB.
Así, AAA o Aaa es la nota reservada a los emisores sólidos con un riesgo de impago casi inexistente. Es la mejor calidad posible. Aa o AA es la nota atribuida a los emisores de alta calidad y fiables, siendo A la nota para los emisores de buena calidad que son, no obstante, susceptibles de verse afectados por cambios de situación económica. Recordemos que S&P ha rebajado a España de AA+ a AA, luego seguimos estando en niveles muy positivos.
Hay dos criterios que sirven para calcular la capacidad de un Estado o de una empresa de hacer frente a su deuda: su nivel de endeudamiento total y los flujos de dinero recibidos cada año, que permiten reembolsar parte de esa deuda. La calificación de un Estado tiene pues en cuenta su Producto Interno Bruto (PIB) -el conjunto de riquezas producidas en el país-, su endeudamiento y sus ingresos fiscales.
En cuanto a las empresas, el volumen de negocios es más imprevisible, y si los activos valen apenas más que su deuda, se dice que le quedan pocos fondos propios, situación que puede pesar en la calificación.
