La situación económica hace que la gente encuentre dificultades a la hora de enfrentarse a sus pagos. Como consecuencia de esto, el pago en muchas ocasiones es algo inviable. Es decir, que desde que empezamos con la crisis, el número de morosos ha ido en aumento hasta alcanzar una tasa de morosidad del 2,54% en septiembre de este año, cifra que se sitúa casi dos puntos por encima de la morosidad reflejada en el mismo mes de 2007. El impago en España es algo preocupante ya que hemos alcanzado la tasa más alta desde 1998, pero lo cierto es que se trata de un hecho universal.
Ante el crecimiento de la morosidad la empresa sueca Intrum Justitia que se dedica precisamente a eso, al recobro de créditos y préstamos, se atreve a clasificar a los deudores en siete perfiles diferentes. Esta clasificación tan peculiar ha sido acuñada ya por otras muchas compañías, y sinceramente a nosotros nos parece, como poco, curiosa.
En teoría, la división de los deudores de préstamos y créditos se ha hecho con el fin de evaluar si merece la pena o no negociar con ellos las condiciones del préstamo.
De esta manera, los sinceros son los únicos con los que merece la pena intentar llegar a un acuerdo, ya que dentro de este perfil se encuentran aquellas personas con una alta disposición a pagar pero en una mala situación económica. Por otra parte, los peores enemigos de la banca son todos aquellos a los que se les ha asignado bajo el nombre de expertos, personas verdaderamente calculadoras que desarrollan estrategias para no pagar, y que no presentan ningún tipo de disposición a abonar la deuda. Por suerte para España de este tipo de deudores hay poquitos…
La clasificación sigue con los nómadas, que son los que se mueven tanto y tan rápidamente que resultan imposibles de localizar. Por otro lado, los relajados son los individuos que han ido pidiendo créditos sin hacer demasiadas cuentas y que no son conscientes de las consecuencias de no abonar la deuda. También están los insolventes, que independientemente de su voluntad, su situación económica es realmente precaria y no pueden pagar lo que deben. La clasificación termina con los electrones libres y los anónimos siendo estos dos últimos los menos numerosos en España. El grupo de electrones libres está formado por personas que deciden cuándo y a qué pagos van a hacer frente en función del tipo de compra para la que hayan solicitado el crédito, y los anónimos son las personas de las que muy probablemente se desconoce su identidad porque la información que dan puede ser falsa. Desde luego, cada uno de estos grupos presenta unas características diferentes pero eso sí, todos son morosos.
Si duda se trata de una clasificación graciosa que aporta un toque de humor a una situación difícil. Lo cierto es que el endeudamiento con la banca es algo realmente serio que puede traer consigo muchas consecuencias negativas. La principal y la más importante es que al final un moroso o termina pagando lo que debe más los intereses de demora, o se enfrenta a consecuencias peores como por ejemplo que no pueda volver a contratar ningún otro préstamo, que le embarguen sus bienes o incluso a cumplir con una condena penal.
Por eso y para intentar no contribuir en el aumento de esta cifra astronómica, creemos que lo mejor es asegurarse siempre que se pida un crédito o un préstamo de saber cómo se va a devolver. Por ello, recomendamos que el usuario se fije especialmente en las condiciones y la flexibilidad de pago que ofrece la entidad acreedora. Si por otro lado ya está dentro del gran saco de morosos, hay compañías que facilitan créditos y préstamos a estas personas para que puedan solucionar su situación.