26 / 10 / 2011. Las cautas perspectivas del BBVA ante la Cumbre europea
Ángel Cano, consejero delegado del BBVA, considera que es preferible que no se alcance un acuerdo en la cumbre europea a que se llegue a un acuerdo malo o acelerado. Así lo ha puesto de manifiesto durante la presentación de resultados del banco correspondientes al tercer trimestre del año en los que se ha registrado un descenso del 14% frente al mismo período de 2010.
“Si hoy no es posible llegar a un acuerdo porque hay que profundizar en las medidas a tomar, soy partidario de esperar, si así se logra sacar adelante un paquete de medidas contundente”, ha apuntado Cano, interesado en que se lance un mensaje de mayor confianza y certidumbre al mercado.
En cuanto a la recapitalización de la banca, según el CEO del BBVA, podría “obedecer a intereses políticos más allá de intereses reales. Nos encontramos con peticiones de capital a entidades que tal vez no lo necesiten”.
El consejero delegado del banco ha recordado que, pese a la rebaja de la calificación de la entidad, su calificación sigue siendo de las mejores. Además, ha asegurado que el banco no está expuesto a deuda de países como Grecia o Irlanda, sino fundamentalmente a deuda soberana española.
En este sentido, Manuel González Cid, director financiero de BBVA, ha explicado que el banco posee 26.000 millones de euros en deuda española, lo que, en caso de ser valorado a valor de mercado supondría un margen negativo de 404 millones de euros. Sin embargo, ha restado importancia al problema señalando que esta cantidad se ve compensada con carteras del grupo en otras geografías. “Si miramos todas las carteras del grupo hablaríamos de plusvalías”, ha dicho. Los altos responsables de la entidad han destacado que cada filial está descentralizada por lo que no se contagiaría con esta situación de la deuda soberana en España a sus negocios en otros países.
Por otro lado, González Cid ha añadido que es importante en este sentido contemplar que la duración media de las carteras de deuda soberana es de 2,8 años, por lo que la sensibilidad a movimientos de precio es inferior que la de una cartera orientada a movimientos a 10 años.
